La
ardilla es un mamífero roedor Mide entre 35 y 45 cm de longitud, de las
que casi la mitad pertenecen a la cola. En las extremidades delanteras, el pulgar
es reducido, pero los otros 4 dedos están bien desarrollados y dotados
de largas, curvadas y afiladas uñas. Su cabeza es graciosa; en ella sobresalen
los ojos brillantes y la boca en la que los dientes están muy desarrollados
y salientes. Si se les captura jóvenes a las ardillas, es posible domesticarlas
y una ardilla resulta un animal doméstico muy sensible y cariñoso.
Hay un gran número de especies de ardillas, muy distintas en color
y tamaño, propagadas por todo el mundo excepto en Australia. Se alimentan
de semillas, cortezas, frutos secos, brotes tiernos y bellotas, que entierran
durante el verano en el suelo a unos centímetros de profundidad, para luego
alimentarse de ellos durante el invierno. Este almacenamiento no lo hacen las
ardillas en un solo punto, sino que lo reparten en una extensa zona del lugar
en el que viven.
Las ardillas establecen su nido en los huecos de los arboles
o en un hueco del ramaje, y en ocasiones, en los nidos desocupados de algún
grajo (pájaro parecido al cuervo), urraca o ave de rapiña. Es curioso
ver como cubren su nido por arriba con una cúpula de ramas muy entrelazadas,
que tapizan del musgo para evitar que entre la lluvia en su casa.
El nido
de las ardillas tiene dos entradas y dentro de esta casa las ardillas hembras
dan luz entre 3 y 4 crías. Las crías de ardilla son muy pequeñas;
no tienen pelo cuando nacen y tienen los ojos cerrados. La madre los amamanta
durante 10 semanas y, poco a poco, les enseña moverse entre las ramas del
árbol en el que viven. Su adiestramiento depende del buen desarrollo de
su cola, ya que en la ardilla esta constituya el elemento esencial para mantener
el equilibrio en los asombrosos saltos que efectúa de un árbol a
otro. A los 5 o 6 meses ya se les puede considerar adultas, pues su cuerpo y cola
ya habrán adquirido su total desarrollo.
Las ardillas de países
muy fríos hibernan. Esto quiere decir que duermen durante todo el invierno
envueltos en su cola. Sin embargo, su sueño nunca es muy profundo, y cualquier
peligro, o sencillamente su apetito, les hace espabilar rápidamente para
escapar o hurgar en el suelo a la búsqueda de su dispensa subterránea
de frutos que enterró durante el verano.