Este libro trata de un niño,
Héctor, de 16 años que repite 2º de BUP y no iría como
todos los años a la Playa
alicantina de San Juan que ya tenia pandilla formada y algunas chicas le escribían
aunque el no contestaba ninguna carta por que su vagueza.
Como castigo
se tenía que ir a A Coruña con sus tíos. Héctor se
guardo antes de irse un paquete de tabaco y videojuegos en los bolsillos internos
de la chaqueta.
Cuando llegó a la estación de A Coruña
su tío le esperaba con un coche
Le llevó hasta una casa vieja
y de madera.
La primera noche la abuela empezó a contarle viejas
historias de piratas. Entonces la tía de Héctor le dijo a la abuela
que dejara de contarle esas historias que le iban a aburrir y Héctor intervino
diciéndole a la tía que le gustaban (Héctor no mentía
en realidad sí que le gustaban).
Al día siguiente la tía
de Héctor le levantó con prisas diciendo:
- Venga Héctor
que es muy tarde
- Si son las 8:00 es muy temprano -se quejo Héctor-.
-
A la abuela se le había olvidado de decirte que hoy viene Xan tu profesor
que te dará clase
Aquel día hablaron con Xan y dieron clase.
Ni Héctor ni Xan tenían ganas de nada. Xan le dijo que se leyera
la Isla del Tesoro y luego le hiciera un resumen en inglés y ya llegó
la hora de que su profesor se fuera pero que no se preocupase por que le había
puesto bastantes deberes.
Aquélla la noche hicieron una queimada
y el tío de Héctor había invitado a mucha gente para hacerla.
Entre sus invitados estaban su profesor Xan y un amigo suyo. Entonces prepararon
un fuego para espantar la queimada y cuando prendió el tío de Héctor
recito un conjuro para espantar los miedos.
Al día siguiente Héctor
despertó y encontró debajo de la almohada un mensaje. Este contenía
un cartón redondo pintado de negro (era la señal que había
recibido Bill, el pirata de la isla del tesoro). Entonces pensó que era
una broma de su prima y fue a decírselo y entonces cuando Carolina se enteró
y se enfado y en todo el día no se hablaron.
En la hora de la comida
Carolina fue a por el correo y le dio todas las cartas a su padre menos dos que
eran para Héctor. Una eran de sus padres y otra era otra vez una carta
sin sello; su prima al dárselo se enfado mas aún.
Atardecía
y a pesar del relente de la inminente noche y del viento húmedo que sacudía
las cortinas de la ventana, a Héctor le corría el sudor. Estaba
asomado al alféizar de su dormitorio. Tenia en la mano un catalejo y veía
nítidamente el amplio paisaje: la torre de un faro semiderruido sobre el
acantilado el sur de la playa y, acercándose a aquel punto dos siluetas
inconfundibles: la una, con tricornio y levita; la otra con Pantaleón hasta
la rodilla, chaleco abierto y una pata de palo. ¡ERAN PIRATAS! se arrastraban
sigilosos sobre la desgastada escalinata de acceso al mar, con barandales de piedra
y jarrones adornando los recodos.
De pronto miraron hacia atrás
y Héctor sintió como si sus caras se vieran frente a frente. El
del tricornio era Xan: su cicatriz aparecía casi rojiza; el de pata de
palo era su amigo el de la verbena, cuyo nombre Héctor no recordaba. Los
bucaneros no parecía haberse percatado de que alguien les estaba espiando.
Descendían casi volando, deslizándose por la cuesta abajo, y de
vez en cuando los perdía de vista a causa de los altos árboles y
las vueltas del camino.
Tras limpiar con la manga el cristal de su catalejo,
oteó más allá: algo se movía junto a las palmeras
de la playa... ¡ERA UNA MUJER! Mas no era desconocida
se trataba
de ¡CAROLINA! Llevaba un vestido antiguo muy ceñido al cuerpo, con
escote y larga falda de vuelo. Su cabellera rubia caía en tirabuzones sobre
sus hombros desnudos. Y gritaba
Él no la oía, pero no podía
adivinar su terror ¿ que hacer?
Abandonó la habitación
y bajo las escaleras de la casa temblando. Cada paso que daba le costaba muchísimo
trabajo como si los pies se le pegaran al suelo por mas que quería correr
no podía. Cuando consiguió salir de la casa un viento feroz le empujo
playa abajo. Ahora no corría volaba. Pero no era la playa era un cementerio
y estaba ante una tumba abierta en ella un esqueleto con la mano extendida hacia
el tesoro. Él iba a cogerlo, pero de repente el pirata que Héctor
no conocía se interpuso amenazándolo con un palo y un alfanje. Mientras
el pirata Xan avanzaba con intenciones perversas al lugar en que atada y temblorosa
Carolina se retorcía como en una columna de Iglesia.
Carolina ¡No!
-gritó Héctor- desesperado. Y su voz retumbo como el eco. Se lanzó
hacia el pirata Xan. Inmediatamente el otro pirata le dio con el palo en la cabeza
y perdió el conocimiento.
Héctor se dio cuenta de que era
un sueño. Al aparecer despierto en su habitación fue al dormitorio
de su prima y le dijo:
-Te aseguro que yo no he escrito esas cartas
Carolina no lo dudo pero le dijo que si era el se arrepentiría.
Héctor le contó a su prima el sueño que había tenido
y entonces le dijo que subieran al desván porque allí hay había
libros de interpretación de sueños subieron al desván y vieron
toda clase de cosas: vestidos antiguos, libros había de todo estaban buscando
encontraron un baúl
Carolina dijo que eran vestidos antiguas de
la hermana de su abuela y Héctor vio un vestido igual que en el de su sueño
y le dijo que se lo probará. Ella le dijo que se iba a su dormitorio para
probárselo. Héctor entonces encontró el libro que estaba
buscando de interpretación
de sueños. No paso mucho tiempo y cuando apareció Carolina no
pudo contenerse
y dijo:
-Estas igual que en mi sueño
y
beso sus labios suavemente.
Al día siguiente encontraron otro libro
de la Isla del Tesoro y al verlo se dieron cuenta de que había palabras
subrayadas que eran:
-árbol alto,
- diez pies norte
- cara
Entonces
supieron que era un mensaje. A base de pruebas y de preguntas se dieron cuenta
del lugar del tesoro. Una noche fueron al lugar que era un cementerio. Una de
las palabras era "cara". Buscaron una cara y al encontrarla entraron
en la tumba y sacaron el ataúd. En ese momento aparecieron Xan y su amigo
y le obligaron a abrir la tumba
Encontraron muchas cosas valiosas
Carolina se intento escapar y Xan le cogió. Entonces Héctor
fue rápidamente a ayudarla y entonces sintió un golpe en la cabeza
y perdió el conocimiento.
Despertó en un hospital y habló
con su tía y aclararon todo y su abuela le concedió que cogiera
lo que le gustase por su valentía y se fue con sus padres a Alicante. Héctor
cambió sus videojuegos por libros.
Andy (el de Mi
Cole) |