Tu propio juego había
empezado por aburrimiento, no era en verdad una protesta contra el estado de cosas
en la ciudad, el toque de queda, la prohibición amenazante de pegar carteles
o escribir en los muros. Simplemente te divertía hacer dibujos con tizas
de colores (no te gustaba el término grafitti, tan de crítico de
arte) y de cuando en cuando venir a verlos y hasta con un poco de suerte asistir
a la llegada del camión municipal y a los insultos inútiles de los
empleados mientras borraban los dibujos. Poco les importaba que no fueran dibujos
políticos, la prohibición abarcaba cualquier cosa, y si algún
niño se hubiera atrevido a dibujar una casa o un perro, lo mismo lo hubieran
borrado entre palabrotas y amenazas. En la ciudad ya no se sabía demasiado
de que lado estaba verdaderamente el miedo; quizás por eso te divertía
dominar el tuyo y cada tanto elegir el lugar y la hora propicios para hacer un
dibujo.
Fragmento de "Queremos tanto a Glenda"
Julio
Cortazar |
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